lunes 5 de octubre de 2009

Me mudo/I'm moving

Los encantos de Wordpress me sedujeron--por favor actualiza la direccion de este blog y visitame con frecuencia!

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miércoles 30 de septiembre de 2009

Un sentido de comunidad


Into the Beatufiful North es una novela de aventura. Empieza con la decisión de su protagonista, Nayeli, de cruzar la frontera en busca de su papá, quien abandonó el paradisiaco pueblo de Tres Camarones, Mich., varios años atrás mandándole sólo una postal y sin volver jamás. Nayeli conservaba la postal donde le indicaba que había llegado al pueblo de Kankakee, Illinois. Su intención inicial había sido buscar trabajo para mandarles dinero a ella y a su mamá. Sin tener la menor idea del paradero de su papá y, para el caso, sin realmente saber qué era ese lugar llamado "los United," Nayeli decide cruzar la frontera. Pero encontrar a su padre no es su único plan. Nayeli añora también encontrar en el gabacho a un ejército de hombres jóvenes y fuertes que quieran regresar a México. Este ejército, espera Nayeli, podría proteger a Tres Camarones de los narcotraficantes que al comienzo de la novela se instalan en las calles del pequeño pueblo donde ya no hay mas que mujeres.

Into the Beautiful North
no se presenta como una crítica ácida a la situación de México, a su desgaste social, su caos, y su economía decrépita. Su autor logra, sin embargo, darnos un retrato mucho más franco de lo que han logrado hacer, por ejemplo, los cineastas mexicanos que en años recientes se dieron a la tarea de retratar al México moderno (Y tu mamá también, Sexo, Pudor y Lágrimas, et cetera). En su aventura, Nayeli se ve acompañada de sus dos amigas más cercanas y de Tacho, el único homosexual de Tres Camarones. Una de sus amigas es gótica, viste de negro, se blanquea la piel con maquillaje, y escucha canciones melancólicas que baja de la red. En otras palabras, no nos encontramos ante el costumbrismo trasnochado ni tampoco ante la mega urbanización de Amores Perros. En su lugar, nos encontramos con una población que habla partículas de inglés y viste como cualquier gringo. En lugar de retratar a México como un paraíso desconectado del resto del planeta o como una macrourbe donde no se escucha una gota de inglés, Urrea se da a la tarea de retratar la multicultura mexicana. Nos ofrece también una estructura social complicada. Ésta se materializa en escenas clave donde Nayeli y sus compañeros de aventura conocen lo que es la miseria. Estas escenas se llevan a cabo en los basureros de la frontera donde viven los olvidados de México y de los United. Entre ellos está Atómiko, un ex-militar de Mexicali vuelto pepenador vuelto protector del gran basurero. Aquí, Urrea contrasta indirectamente el paisaje límpido michoacano con las toneladas de basura que se importan de los United y que en México se convierten en cerros de desperdicios.

En el beautiful north, Nayeli aprende todo lo que la protagonista de una novela de aventura debe aprender sobre el amor, el sexo, y sobre los lazos frágiles de la familia. Pero Urrea nos sorprende haciendo de su protagonista una mujer valiente, inteligente y decidida a volver a México. Aunque la belleza del paisaje norteamericano juega un papel importante en la novela, Urrea no lo describe sin incorporar las grandes ambivalencias de la relación México-Estados Unidos:
The air conditioner cut their engine power till they climbed at a crawl, so they sweltered on the way up hills and punched it back on when they dropped. The minivan rattled and groaned on the grades--both up and down. On the radio, they heard many angry Americans with loud voices saying Mexicans were unwanted, and immigrants carried disease and harbored terrorists. English only, the AM shouters boomed; English was the official language of America.
Como cualquier historia de aventura y de adolescencia, ésta tiene un final feliz. Pero a diferencia de muchas historias sobre inmigración, ésta no termina en Estados Unidos sino en un regreso a México que a pesar de ser sentimental y optimista, nos deja con una gran duda. Es la duda que nos pesa a todos: la del narcotráfico. Lo optimista se manifiesta en su mensaje sobre los lazos comunitarios. En lugar de escribir una historia que afirme los lazos de familia, Urrea nos propone que es sólo la fortaleza de una comunidad la que pone un alto a la fuga de hombres, mujeres y niños que cruzan la frontera todos los días y así al narcotráfico. Es inevitable terminar esta divertida y emotiva novela sin sentirse desesperanzado. Justamente, creo yo, lo que nos hace falta es ese sentido de comunidad, lazos que nos unan no por alguna fantasía de familia sino por lo que compartimos como habitantes de un mismo lugar.

Recomiendo esta novela ampliamente. Si la leen en el metro tal vez corran con la misma suerte que tuve cuando al leerla viajando en la línea 1 de Nueva York, me interrumpió un trío norteño que entró al vagón cantando a todo pulmón, tocando la guitarra y el acordión. Fue inevitable sonreir.

domingo 27 de septiembre de 2009

Sunday rain

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Huddled under the building's ledge, the pigeons sought cover from the relentless falling water that dampened their morning endeavors.

sábado 26 de septiembre de 2009

¿Qué es un país?: Resultados de la encuesta

Bien, pues 3 de ustedes estuvieron de acuerdo en que un país no es más que un territorio marcado por una divisón política. Una de ustedes decidió dudar y piensa que a veces ni siquiera es un territorio marcado por una divisón política. Me pregunto si lo que quieres decir es que para quienes logran cruzar estas fronteras sin perder su identidad ni conflictuarse, las divisiones políticas no cuentan. Gracias por participar a todos. Ahora hay una nueva encuesta inspirada en mi momento bajo el Linden.

viernes 25 de septiembre de 2009

Indian Summer below a Linden Tree


Yesterday I went out for a long walk close to noon. The day felt like summer. Right about when I began striding into Central Park entering at 66th street, the temperature must have been hitting 80. At least that's how hot it felt. Indian summer, I thought. But I wondered whether it would be appropriate to label a late September day "Indian Summer." Although I love the sound of the term, I don't know exactly what people refer to when they use this expression. I only heard it after I moved to New York. Before moving to this country, I had only visited in the midst of summer or early winter, so I was not familiar enough with the vocabulary used to describe the transition into autumn.
Quick research has taught me that such a day could be termed "Indian Summer" for in its most general sense, this phrase is used to refer to a hot day in autumn. But, if I wanted to be really precise, I would have to say this was just summer stretching a little too far into autumn, for a real Indian Summer day happens in the midst of fall when all the leaves have already turned and right before the first snow. The leaves have not yet turned in New York City. But as the photo on the left shows, they are starting to. Autumn is making its presence increasingly felt. And today just comes to affirm it more. As I left my building this morning a crisp chill greeted me--quite a contrast from yesterday's sticky heat.

The particular route I walked yesterday stretches from the entrance to the park at Tavern on the Green to the Jaqueline Kennedy Onassis Reservoir. Once I reach the reservoir, I turn to take the "Wild Life Corridor" which finally brings me to the 103rd exit near my street. The towering trees that lead the way, the stretches of water, and hidden walkways make this route particularly enjoyable.

At one point I stopped below what I believe was a Linden tree. I think this is also the species that I photographed above. Its strong branches extend outwards creating a delicious shade for such a hot day. As I stood below, the soft breeze moved its branches carrying some of its yellow leaves with it, and creating a small retreat with its generous shade. I tried to capture the welcoming sensation of being covered by this monumental species here (you can see it if you press play):
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lunes 21 de septiembre de 2009

Estudihambre

Bien, bien, pues varias buenas noticias por aquí: ya empecé las susodichas caminatas, mismas que relataré esta semana, y ya salieron las ofertas de trabajo. El mercado laboral pinta mejor de lo que anticipábamos. Ahora sólo falta que les interese mi trabajo. Pero ésa es otra historia.














Con la llegada de las ofertas de trabajo, se triplica la chamba. De aquí en adelante, tengo más o menos una o dos fechas de entrega por semana. Este tipo de épocas, siempre nos retan a mantener un equilibrio en la vida marital, personal, y social. Hoy, por ejemplo, caí en la vieja y poderosa tentación de pedir take-out. En Nueva York, no es nada raro vivir de los restaurantes, ya sea porque la gente de hecho cena fuera todas las noches o porque piden de cenar todas las noches. Es parte de la vida agetreada de esta ciudad. También, creo yo, es parte de la idea que mucha gente se hace sobre la realidad cuando vive en esta ciudad. Es decir, aunque seguramente hay quienes no tienen tiempo de cocinar, me vienen a la mente los miles de indocumentados mexicanos y miembros de las clases bajas que no sólo no tienen dinero sino que trabajan dos o tres turnos al día. No faltan claro los y las CEO's de las grandes corporaciones y demás locos de las finanzas que realmente no paran. Pero ellos, a diferencia de los primeros, sí tienen con qué pagar sus take-outs. En esta amplia gama de profesionales y trabajadores ¿dónde ponemos al nunca bien ponderado estudihambre de posgrado?

Pues aquí están algunos de los "dilemas" de estos y estas estudihambres en lo que refiere a materia alimenticia. Para los que se organizan bien, no suele ser un problema hacerle un espacio a las comidas. Estas comidas pueden ser hechas en casa o en algún restaurante, se pueden ingerir en casa, en el restaurante, o si te llevas tus topercitos en una banca afuera de la biblioteca. Pero habemos quienes no siempre estamos muy bien organizados y tenemos que debatirnos entre cocinar o pedir take-out. Pero el problema con optar por lo segundo es el bolsillo. Quizá un take-out por semana está bien pero se le tiene que sumar la semanal salida con los amigos donde también se gastan algunos centavos. Luego está el problema de las grasas y, con la edad, del metabolismo. El take-out trae siempre mucha más azúcar, grasa y demás ingredientes extraños que le añaden a uno grasita y malestares. Después de seis años de vivir en Nueva York y 32 años de vivir, debo decir que la mejor opción tanto para el bolsillo como para el cuerpo es comer en casa. Y aunque sea época de entregas y locura, es sano para la mente y el alma optar por cocinarse su propia comida.

Por esto y también gracias a mi marido, resistí la tentación de pedir take-out. En su lugar, usé los ingredientes de calidad que tenemos en el refrigerador y que también cuestan caros para hacernos una cena rapidita y sana. Les comparto la receta y algunas imágenes para que se les antoje y para que les sirva si se encuentran en el mismo dilema pronto.

Ingredientes:

1 limón (pero no mexicano, sino una lima)
2 dientes de ajo
pasta integral
espinacas lavadas y al vapor (pero no las dejen en la vaporera mucho tiempo, sólo tres minutos)
1 lata de atún
queso parmesano
sal y pimienta al gusto.

Mientras lavan las espinacas, pongan a hervir el agua para la pasta y de la vaporera. Una vez que esté lista el agua de la vaporera, pongan las espinacas. Lo mismo para la pasta. No dejen la pasta en el agua más de 5 minutos, debe estar al dente.

Pongan tres cucharadas de aceite de olivo a calentar en un sartén mediano. Agreguen el jugo del limón. De preferencia, usen un experimidor como el de la imagen para que también aprovechen todas las partes del limón (menos la cáscara).

Mientras tanto, corten dos ajos en laminitas muy delgadas. Una vez que la mezcla del aceite y el jugo esté hirviendo, bajen la flama y agreguen el ajo. Dejen que el ajo se suavice en el limón durante aproximadamente dos o tres minutos.

Después de colar la pasta, regrésenla a la olla. Viertan el jugo del limón y aceite con ajo sobre la pasta y mezclen rápidamente. Agreguen sal y pimienta. Luego agreguen las espinacas mezclando también. Finalmente, agreguen el atún. La flama puede estar prendida en este tiempo pero muy bajita. Mezclen todo hasta que la pasta esté cubierta de jugo y aceite y las espinacas y el atún estén bien revueltas con todo.

Sirvan en un plato hondo con queso parmesano.

Tiempo total de preparación: 30 minutos.
Rinde dos prociones.

viernes 18 de septiembre de 2009

Desayunar en Veracruz

En su columna semanal, Ana Saldaña relata su recorrido a través de los restaurantes de Veracruz. Y, en especial, cuenta con detalle el menú que saboreó en el "Samborcito," un secreto local. Recomiendo que todos los mexicanos expatriados se den un agasajo virtual aquí.