Bien, bien, pues varias buenas noticias por aquí: ya empecé las susodichas caminatas, mismas que relataré esta semana, y ya salieron las ofertas de trabajo. El mercado laboral pinta mejor de lo que anticipábamos. Ahora sólo falta que les interese mi trabajo. Pero ésa es otra historia.



Con la llegada de las ofertas de trabajo, se triplica la chamba. De aquí en adelante, tengo más o menos una o dos fechas de entrega por semana. Este tipo de épocas, siempre nos retan a mantener un equilibrio en la vida marital, personal, y social. Hoy, por ejemplo, caí en la vieja y poderosa tentación de pedir take-out. En Nueva York, no es nada raro vivir de los restaurantes, ya sea porque la gente de hecho cena fuera todas las noches o porque piden de cenar todas las noches. Es parte de la vida agetreada de esta ciudad. También, creo yo, es parte de la idea que mucha gente se hace sobre la realidad cuando vive en esta ciudad. Es decir, aunque seguramente hay quienes no tienen tiempo de cocinar, me vienen a la mente los miles de indocumentados mexicanos y miembros de las clases bajas que no sólo no tienen dinero sino que trabajan dos o tres turnos al día. No faltan claro los y las CEO's de las grandes corporaciones y demás locos de las finanzas que realmente no paran. Pero ellos, a diferencia de los primeros, sí tienen con qué pagar sus take-outs. En esta amplia gama de profesionales y trabajadores ¿dónde ponemos al nunca bien ponderado estudihambre de posgrado?
Pues aquí están algunos de los "dilemas" de estos y estas estudihambres en lo que refiere a materia alimenticia. Para los que se organizan bien, no suele ser un problema hacerle un espacio a las comidas. Estas comidas pueden ser hechas en casa o en algún restaurante, se pueden ingerir en casa, en el restaurante, o si te llevas tus topercitos en una banca afuera de la biblioteca. Pero habemos quienes no siempre estamos muy bien organizados y tenemos que debatirnos entre cocinar o pedir take-out. Pero el problema con optar por lo segundo es el bolsillo. Quizá un take-out por semana está bien pero se le tiene que sumar la semanal salida con los amigos donde también se gastan algunos centavos. Luego está el problema de las grasas y, con la edad, del metabolismo. El take-out trae siempre mucha más azúcar, grasa y demás ingredientes extraños que le añaden a uno grasita y malestares. Después de seis años de vivir en Nueva York y 32 años de vivir, debo decir que la mejor opción tanto para el bolsillo como para el cuerpo es comer en casa. Y aunque sea época de entregas y locura, es sano para la mente y el alma optar por cocinarse su propia comida.
Por esto y también gracias a mi marido, resistí la tentación de pedir take-out. En su lugar, usé los ingredientes de calidad que tenemos en el refrigerador y que también cuestan caros para hacernos una cena rapidita y sana. Les comparto la receta y algunas imágenes para que se les antoje y para que les sirva si se encuentran en el mismo dilema pronto.
Ingredientes:
1 limón (pero no mexicano, sino una lima)
2 dientes de ajo
pasta integral
espinacas lavadas y al vapor (pero no las dejen en la vaporera mucho tiempo, sólo tres minutos)
1 lata de atún
queso parmesano
sal y pimienta al gusto.
Mientras lavan las espinacas, pongan a hervir el agua para la pasta y de la vaporera. Una vez que esté lista el agua de la vaporera, pongan las espinacas. Lo mismo para la pasta. No dejen la pasta en el agua más de 5 minutos, debe estar al dente.
Pongan tres cucharadas de aceite de olivo a calentar en un sartén mediano. Agreguen el jugo del limón. De preferencia, usen un experimidor como el de la imagen para que también aprovechen todas las partes del limón (menos la cáscara).
Mientras tanto, corten dos ajos en laminitas muy delgadas. Una vez que la mezcla del aceite y el jugo esté hirviendo, bajen la flama y agreguen el ajo. Dejen que el ajo se suavice en el limón durante aproximadamente dos o tres minutos.
Después de colar la pasta, regrésenla a la olla. Viertan el jugo del limón y aceite con ajo sobre la pasta y mezclen rápidamente. Agreguen sal y pimienta. Luego agreguen las espinacas mezclando también. Finalmente, agreguen el atún. La flama puede estar prendida en este tiempo pero muy bajita. Mezclen todo hasta que la pasta esté cubierta de jugo y aceite y las espinacas y el atún estén bien revueltas con todo.
Sirvan en un plato hondo con queso parmesano.
Tiempo total de preparación: 30 minutos.
Rinde dos prociones.